Reflexiones sobre la reforma horaria

Hace poco me invitaron a un debate sobre la reforma horaria. Se dijeron cosas muy interesantes y he pensado escribir mi post del mes sobre este tema.

Hace varios años, en 1942, el dictador Franco cambió el horario para hacerlo coincidir con Alemania. Unos dicen que por razones bélicas. Otros para ahorrar en un mundo de miserias. Así que el horario ya no es lo que marca el sol. De estar casi en el meridiano de Greenwich, y tener la misma  hora que UK, Portugal y Canarias, nos hemos “avanzado” a la hora solar.

Según expertos en medicina, esto repercute en nuestros biorritmos y en nuestras constantes vitales. Nuria Chinchilla, experta en conciliación laboral y familiar, declara: “Vivimos en un jet lag constante que trae problemas de sueño, estrés y absentismo”

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El nuestro es un país presencialista. ¿Qué quiero decir? Pues que valoramos las horas de presencia en el trabajo y no las de provecho…, cuando lo que importa es la eficacia y eficiencia por hora trabajada. No se trata de trabajar más horas, si no de trabajar mejor y con más intensidad.

Afortunadamente, esto está cambiando con las nuevas tecnologías. Internet y otras permiten trabajar fuera del espacio laboral y brindan la oportunidad de no tener que “fichar”. Aun así nos falta mucho para alcanzar los niveles de calidad de vida  del norte de Europa.

Está comprobado que los países más productivos tienden a ser los que dedican menos horas al trabajo ya que les permite poder formarse, tener más calidad de capital humano, capacidad de innovación y gestión empresarial, así como la abstención y flexibilidad en la jornada laboral.

¿Cómo nos afectaría la reforma horaria? ¿Qué deberíamos cambiar?

  • Horas de trabajo:

sería interesante reducir la jornada laboral, transformándola en intensiva. De esta manera todos podríamos llegar más temprano por la noche y ganar las horas “perdidas” al mediodía en la hora de la comida. Somos de los países de la comunidad europea que tenemos más vacaciones al año. 24 días…, ¿son necesarios? Quizás haciendo menos vacaciones  y distribuyendo la jornada laboral de diferente manera funcionaríamos mejor.

  • Educación:

pasamos de reuniones de vocales de clase para madres minoritarias (a las 5 de la tarde) a reuniones masivas en horas intempestivas (9 de la noche) que con suerte,  acabas a las 11, necesitando canguros para dar la cena y poner a dormir a los niños.

  • Comercio:

los lunes por la mañana está cerrado. La mayoría de tiendas abren de 10 a una y media, y de 5 a 9 de la noche… ¿A las 5 abrir? Si tienes familia es cuando salen los niños de la escuela…, y a las 9 de la noche…, ¿llegar a casa?…, cuando los niños ya duermen…

  • Cultura y ocio:

según los adolescentes la “marcha” arranca a las 3 de la madrugada. Mientras, deben  de beber y pasar el tiempo para poder estar/aguantar despiertos…, y al día siguiente…, están muertos de sueño, se levantan tarde, vagarosos, aplastados y desmotivados. Qué lástima. Estamos dañando nuestro futuro. ¿Dónde está la voluntad de  acostarse temprano para aprovechar el día yendo de excursión, a entrenar…?

Me gustaría recalcar que trabajar menos horas o tener más flexibilidad, no significa trabajar menos. Pero desafortunadamente, el nuestro es un país de pícaros, de vivales, y puede ocurrir que, por culpa de unos y otros, los empresarios no obtengan el rendimiento de los sueldos que pagan.

Hay quien dice que es casi imposible cambiar las costumbres (horarios) después de tanto tiempo. Pero las cosas evolucionan más deprisa de lo que muchos piensan.

¿Quién hubiera dicho que los fumadores acabarían siendo mal vistos? ¿Qué no podrían tener un cigarrillo en la boca en espacios públicos, ni en lugares cerrados, ni de recreo, como una discoteca o un estadio? ¿Qué algo que había sido un referente esnob y elegante, acabara siendo un vicio insano acorralado socialmente?

Conseguir una conciliación laboral entre trabajo y familia posiblemente conseguiría que tuviéramos mejores horas de sueño, de digestión…, y lo más importante, familias más equilibradas y con más tiempo para dedicarse a sus responsabilidades, a la familia, a los amigos, al ocio, al deporte y a todas aquellas cosas que se deseen hacer y no se encuentra el tiempo para llevarlas a cabo.

Nada es imposible. Querer es poder y más si es un bien para todos.

Pia Prat Jorba

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Pia Prat Jorba

Directora de La Veu de L'Anoia. General Manager de Publicacions Anoia.