Tan informados y tan mal comunicados

No paramos de consumir información. Las nuevas tecnologías nos lo ponen muy fácil. Imágenes (Instagram), videos (Youtube), mensajería corta (Twitter, Whatsapp), redes de amigos y conocidos (Facebook), sin olvidar tampoco los tradicionales teléfono, mensajería, radio, televisión y otros medios de comunicación digitales o papel … Nunca como ahora habíamos disfrutado de tanta información, para poder construirnos una opinión. Pero demasiado a menudo sólo es mucho ruido para aturdirnos. Nos bombardean con noticias. Y a menudo somos nosotros los que producimos un efecto multiplicador, reenviando a amigos y conocidos. Hablamos mucho y nos comunicamos poco. A menudo damos más información fuera de casa que con quien convivimos. ¿Cuántas veces envíamos un msm por whatsapp para ahorrarnos una llamada, un viaje o un “enfado”?

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Tantas posibilidades digitales, hacen que muchas veces perdamos la parte más humana y emotiva de la comunicación. Aquella que llega sin palabras. Con una mirada. O el roce de una caricia o el gesto cómplice. Hablar de cara. Mirarse a los ojos. Hablar. Discutir y perdonarse. Cerrar los ojos y sentirse acompañados en la propia soledad …

Tengo que reconocer que soy consumidora de las redes sociales. Mi trabajo me lo pide, y me siento bien cuando estoy conectada. Algunos me dicen que pegada. Tengo muchos amigos/seguidores, para utilizar los términos de la red, a los que no conozco en persona… Seguramente alguna vez me he topado con ellos en algún lugar, yendo por la calle o simplemente compartiendo cercanía en cualquier espacio. Y ni me han reconocido, ni yo a ellos… Sólo sabemos la imagen que publican, lo que escriben, ¡¡¡pero no sabemos qué voz tienen !!!

Qué sociedad tan contradictoria, esta de estar en la mesa con los que más se quiere y que se esté más pendiente de un utensilio que te ata a un mundo virtual, que de los que tenemos al lado, por lo que la realidad queda diluida y en su lugar lo ocupa la imaginación inducida. Demasiado a menudo estamos más “enganchados” al móvil que a la familia, la pareja o los amigos.

21DAlgunos expertos nos alertan de las adicciones que ello conlleva. Dejarse arrastrar por cosas a los que no somos capaces de decir basta. No, es aquella palabra que más cuesta pronunciar. Hay que ser valiente para utilizarla. Es más confortable dejarse llevar por la corriente. “Todo el mundo lo hace” y decir que “el móvil es hoy una necesidad básica …” Una máquina que nos ata a la vida .¿Qué vida?

Es triste, pero cierto. Cuanto más facilidades tenemos de comunicar con estas herramientas, menos sensibles y menos humanos nos volvemos. Decir las cosas por escrito, cuesta menos que en persona. A menudo me hago la pregunta, ¿qué pasaría si perdiera el móvil? Yo me estremezco sólo de pensarlo, aunque tengo grabadas los datos en el  ordenador y en el icloud …

Para empezar no sabría a quien llamar, porque no me sé ningún teléfono. Excepto el de casa de mis padres, que me lo aprendí cuando era pequeña por si me perdía… y es un fijo. Con ello corroboro la teoría de que cuanto más facilidades y más comodidades, más inútiles somos. A menos esfuerzo, más dependemos de las máquinas. De la tecnología. Nos hemos acostumbrado tanto a ella, que no podemos vivir sin ella. Quizás un día no muy lejano, cuando los robots sean casi humanos gobernarán el mundo. Ya nos lo adelantan muchas películas de ciencia ficción.images

Y si todo esto al menos sirviera para aprovechar el tiempo o nuestras capacidades para avanzar en otros campos, o para tener una mejor opinión de las cosas, o para construir una sociedad mejor, evitando que los poderosos nos tomaran el pelo. Pero lamentablemente consumimos lo que nos dan. Y nos entretenemos con lo que les conviene. De hecho aún seguimos en el “panem et circenses”, aunque no lo queramos reconocer.

Seguramente porque estamos enfrascados enviando un mensaje, o escribiendo este post…

Pia Prat Jorba

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Pia Prat Jorba

Directora de La Veu de L'Anoia. General Manager de Publicacions Anoia.